jueves, 17 de abril de 2008

Chicas malas (2): Anabel Lorgnac


Con veinticinco añitos, Anabel Lorgnac ya había vivido un gran amor y ya había pasado por la cárcel.

Su amor se llamaba Marc y era de esa especie de idiotas irresistibles que te arrastran por el peor de los caminos, pero tú te dejas llevar porque sencillamente sientes que no puedes hacer otra cosa. Sé que sabéis de qué hablo.

Marc la metió, en fin, en un tiroteo contra la policía en el que el muchacho resultó muerto y ella, detenida y condenada.

Cuando salió de la cárcel, todavía tenía el corazón roto y vivía un poco en estado vegetal, entre un empleo cutre y un apartamento más cutre todavía, porque las chicas, cuando salen de la cárcel, y sobre todo cuando quieren cambiar de vida, lo pasan mal, pero que muy mal, porque los años de talego ocupan mucho espacio en el currículum y el mundo no está precisamente lleno de buenas gentes dispuestas a contratar a ex presidiarias. Dispuestas a explotarlas, en cambio, sí; de eso hay mucho.

Y, así, Anabel, que tenía sus estudios universitarios de Enfermería y había trabajado en hospitales públicos antes de entrar en prisión, se vio obligada a desperdiciar su valía y sus conocimientos haciendo piercings y tatuajes. Eso la puso en contacto con un mundo que ni sabía que existía. Bueno, en realidad, nadie sabe que ese mundo existe, excepto quienes lo habitan, precisamente porque se cuidan muy mucho de sacarlo a la luz. Para no meterme en problemas, hablaré con media lengua, sin que sirva de precedente, y diré solamente que la hipocresía humana oculta mucho y que, cuanto más hay que ocultar, mas afeites, cristales distorsionadores, joyas deslumbrantes y efectos de encandilamiento se necesitan.

Pero para Anabel todo cambió cuando conoció al señor Jacob.


NOVELA:
Thierry Jonquet: Ad vitam aeternam
Éditions du Seuil, 2002

1 comentario:

goroka dijo...

Interesante fragmento,miraré por ahí.Un besiño!