
Verna no era un bellezón, sino algo mucho peor: una de esas mujeres capaces de agarrar a los hombres desde muy hondo, muy profundo, muy muy adentro. Y ésas son las hembras verdaderamente peligrosas; las que te hacen preguntarte qué demonios tendrán, qué darán a los hombres para tenerlos de tal manera y cantidad a sus pies.
Inexpresiva y tristona, Verna tenía, sin embargo, sentido del humor y solía dar alguna réplica simpática al duro de Tom Reagan:
VERNA: ¿No tienes nada más que hacer que perseguirme?
TOM: No, ahora me dedico a intimidar a débiles mujeres.
VERNA: Pues busca a alguna e intimídala.
Durante un tiempo a Verna se le presentó un dilema viejo como el mundo: tenía, por un lado, a un hombre mayor y poderoso, que la quería y le daría bienestar, pero al que ella no amaba; por otro, un hombre que la volvía loca; loca de amor y de odio a la vez, de pura pasión; un hombre que, estaba claro, le daría muy mala vida.
Verna no tuvo que reflexionar mucho: este segundo hombre (el duro de Tom, como ya habréis adivinado), metió la pata con ella, la fastidió y Verna no perdonó: se fue con el maduro y Tom se quedó sin los dos.
Aprended, chicas malas del mundo, de Verna, que tuvo la cabeza fría y el corazón de hielo y tomó la decisión adecuada. ¡Bien por Verna!
PELÍCULA:
Muerte entre las flores (Miller's Crossing, EEUU, 1990)
Directores: Joel y Ethan Coen
Intérprete: Marcia Gay Harden
miércoles, 30 de abril de 2008
Chicas malas (4): Verna Bernbaum
viernes, 25 de abril de 2008
Chicas malas (3): Melanie Daniels
jueves, 17 de abril de 2008
Chicas malas (2): Anabel Lorgnac
NOVELA:
viernes, 11 de abril de 2008
Nueva serie: Chicas malas (1)
Nunca me he creído esos cuentos chinos de que las mujeres somos ángeles bondadosos, mensajeras de la paz y criaturas celestiales. Quien diga eso, desde luego, no conoce a mi familia. Ni a mi familia ni la historia de la humanidad, pues no hace falta ser muy leída (yo no lo soy, desde luego), para toparse con señoras que asesinaron, arrasaron y sembraron el mal por doquier.
Así que, para demostrar que la maldad no tiene
sexo, voy a ver si formo un grupito de malas malísimas y os las doy a conocer, u os las presento desde mi particular punto de vista, para que no olvidéis, señores lectores míos, que hay que tenernos miedo, mucho miedo.
No sólo hablaré de chicas malas, también meteré en el saco a algunas buenas que me caen bien, pero sin cambiar el título de la serie, porque si la llamo "Chicas buenas", no la lee ni dios.
Y para ilustrar esta entradita, os pongo una foto de Tokio Hotel, ese grupo extraterrestre que vuelve locas a las niñas de mi barrio y canta engendros cuyos versos acaban siempre en "you". Os preguntaréis qué tiene que ver Tokio Hotel con las chicas malas: pues que hasta hace cuatro días yo pensaba que el cantante era una de ellas.
domingo, 6 de abril de 2008
sábado, 5 de abril de 2008
¡Asesinos a sueldo a mí! (6)
Thierry Jonquet: Ad vitam aeternam
sábado, 29 de marzo de 2008
¡Asesinos a sueldo a mí! (5)
La primera impresión que tuve de Oleg fue equivocada. Lo conocí durante un trabajito que hizo en la Bretaña francesa, una faena limpia de ésas que no dejan ni mal olor y que parecen en todo un accidente. Me pareció un sádico, un tipo con sangre de hielo; me dejé llevar por mis abundantes prejuicios racistas y, como era ucraniano, pensé: "Una bestia parda". Pero luego fui sabiendo más de él.
Oleg vivía en Pitria, al ladito de Chernóbil. El accidente del reactor nuclear le pilló mocito: tenía diecisiete años y vio morir, por este orden, a su padre (era bombero y tuvo que ir a apagar las llamas de la central), su madre y sus hermanos pequeños. Luego vio morir a muchos niños más, pues los acompañó, como monitor, a Francia, donde almas médicas caritativas les ofrecieron tratamiento. También se trató el propio
Oleg, pues, al final, el cáncer lo atrapó.
Oleg se convirtió en aliado de la muerte y se dedicó profesionalmente a limpiar forros ajenos a cambio de elevadas sumas, pues (creo que no lo había dicho antes) sacar del mundo a la gente que te estorba no está al alcance de cualquiera. A mi alcance, desde luego, no.
Así, haciéndose pasar por guía turístico, Oleg encadenaba un encarguito tras otro mientras su monstruo interior se hacía cada vez más grande. Hasta que un día recibió una oferta como ninguna otra, vio lo que nunca había visto antes y, paradójicamente, se le abrió una puerta a la esperanza.
NOVELA:
Thierry Jonquet : Ad vitam aeternam
Éditions du Seuil, 2002
viernes, 21 de marzo de 2008
¡Asesinos a sueldo a mí! (4)

Ya veis que en mi corta vida he conocido a unos cuantos sicarios, pero A punto C punto, no hay más que verlo, es especial.
Desconozco su pasado. No sé qué le hizo convertirse en lo que es. Quizás una infancia horrorosa. Quizás un simple trastorno mental. Quizás nada. Nos empeñamos en buscar las raíces del mal y a veces no existen: la gente es mala porque sí. Punto.
A mis compis de clan no les gusta: da mala fama al noble oficio de asesino a sueldo. Porque no es un profesional, sino un obseso de la muerte. Muerde la mano que le da de comer y eso no es bueno para el negocio.
Y todo lo hace como si se viera abocado irremediablemente a ello, como si él no decidiera: el azar, el honor, la palabra dada lo obligan. Típico de psicópatas.
Que esté chalao no quiere decir que no sea jodidamente eficaz en su faena. Se propone un objetivo y allá va, de cabeza, como los burros, sin mirar para los lados, no vaya a ser que se distraiga. Le da lo mismo un balazo en la pierna que un hueso a la vista. Él tira palante. ¿Qué le mueve? ¿El dinero? ¿El gusto por matar? ¡Quién sabe! Casi prefiero no meterme en su cabeza. Puede que encuentre algo demasiado familiar.
PELÍCULA:
No es país para viejos (No country for old men), 2007
Dirección: Joel y Ethan Coen
Intérprete: Javier Bardem
sábado, 15 de marzo de 2008
¡Asesinos a sueldo a mí! (3)

Puede que la historia de todo asesino a sueldo incluya un episodio de vulnerabilidad en el que la opción sea convertirse en sicario o ... no hay opción. En la historia de Nikita lo hubo, es innegable.
Nikita podría haber sido toda su vida una vulgar delincuentucha, pero, ya se sabe, te vas metiendo en líos, una cosa te lleva a la otra y un buen día te encuentras con una pistola humeante en las manos y un poli muerto a tus pies.
A Nikita la trincaron, le dieron una opción que no era una opción, y eligió convertirse en una máquina de matar. ¿Qué habría sido de ella si se hubiera negado? Como esta pregunta es más propia del "Pronto" que de este clan serio al que pertenezco, la voy a obviar. [La respuesta es: la habrían ejecutado.]
A Nikita, que hasta entonces era un poco greñas, le dieron una nueva identidad, mucha habilidad y una nueva vida bajo la vigilancia de su mentor Bob. Y se convirtió en una asesina eficaz envuelta en la apariencia de una atractiva y refinadísima mujer, impecable siempre, en todo momento bien arreglada, a pesar de ocuparse del trabajo sucio.
Por fuera, en apariencia física, mejoró un montón. Por dentro, sin embargo, algo falló en los entrenamientos: no acabaron de enfriarle el corazón y fue la tonta de ella y se enamoriscó de Bob. Y el-bobo-de-Bob-de ella también, claro.
Hay otras Nikitas en el mundo; al menos yo he conocido a unas cuantas, pero el encanto de las francesitas no lo supera ninguna yanqui operada.
PELÍCULA:
Nikita (La femme Nikita), 1990
Director: Luc Besson
Intérprete: Anne Parillaud
jueves, 13 de marzo de 2008
¡Asesinos a sueldo a mí! (2)
los chuchos, ya se sabe, te llenan bastante la vida con eso de que hay que darles de comer, lavarlos, sacarlos a pasear y llevarlos al veterinario.domingo, 9 de marzo de 2008
¡Asesinos a sueldo a mí! (1)

Me he propuesto publicar una serie de articulitos sobre los asesinos a sueldo que en mi corta vida he conocido. La serie va dedicada a mis compis de clan, mis klankides, para que aprendan de los grandes.
Grande grande es (¿debería decir "fue"?) Sacha Vodrine. Os contaré cierta historia que quizás tenga algo que ver con él.
En el otoño de 1972, como en todos los otoños de todos los años, se produjeron ciertos sucesos sangrientos. Un jubilado cayó al vacío desde la ventana de su apartamento en Colonia. Un hombre de negocios israelí apareció muerto en una calle de las afueras de París. Un ciudadano alemán desapareció en Santiago de Chile. Y un respetable doctor falleció durante una cacería en Bretaña. Nadie relacionó entre sí estos hechos.
Seis años después, en 1978, Sacha Vodrine pescaba tranquilamente en el Volga, cuando recibió una llamada que le hizo volar urgentemente a Francia. Y alguien supo que regresaba, que en 1972 ya había estado allí.
Ni existen pruebas ni existirán, pero se habló de cierto cabecilla del Partido Comunista Francés, el partido de los fusilados, de la Resistencia, que podría haber trabajado voluntariamente, en los años 30, en Alemania, en la fábrica aeronaval Messerschmitt, de donde salieron los aviones que luego bombardearon Londres y Guernica.
El tal cabecilla siempre negó que semejante episodio figurara en su intachable biografía de comunista, pero la hija del respetable doctor muerto en 1972, Madeleine Fignac, ella también comunista, pero de base, sospechó algo y comenzó a investigar.
NOVELA:
Thierry Jonquet: Del pasado hagamos tabla rasa (Du passé faisons table rase)
Gallimard, 2006
jueves, 6 de marzo de 2008
Io sonno Merche Verdugo

Me llamo Merche Verdugo y no he estado en Sicilia en mi puta vida.
En realidad me llamo María Mercedes Gómez Verdugo, pero he elegido ese otro nombre artístico, más contundente y recordable, ya que voy a convertirme en una blogstar.
Acabo de cumplir treinta y dos años y éste es un dato importante, pues, según la Ley de Policía, ya no podré ser nunca madera, como era el sueño de mi vida. A quien conozca mi pasado le sorprenderá, pero yo siempre quise ser policía, por culpa seguramente de Starsky y Hutch, de Angie Dickinson y de Theresa Graves, que no sé si recordaréis que hacía una serie que se titulaba "La mujer policía". Os he puesto una foto suya para que os refresque la memoria. ¿O "La mujer policía" era la de Angie Dickinson? Ya me he liao.
En fin, la cosa es que no me hice policía, pero me acerqué bastante a su terreno desde el otro lado y por todo eso junto me me entró la afición a las pelis y las novelas de crímenes.
¡Larga vida al Clan!



