Thierry Jonquet: Ad vitam aeternam
sábado, 5 de abril de 2008
¡Asesinos a sueldo a mí! (6)
Thierry Jonquet: Ad vitam aeternam
jueves, 3 de abril de 2008
And the winner is...

Por la cara que pone, nuestro amigo Hercules Poirot no parece terminar de creerse haber sido elegido como el investigador favorito de las novelas de la Christie. Pero así son las cosas, con 11 votos (por 5 para la señorita Marple y 1 que considera a ambos unos petardos), el belga ha resultado ser el ganador de la primera encuesta que los Sicilianos ponemos en marcha.
Gracias a todos por participar, enhorabuena a los ganadores (como se suele decir) y os emplazamos a dar vuestra opinión en el próximo dilema que se nos ocurra un día de estos.
miércoles, 2 de abril de 2008
Torpe, más que torpe
Mira que hay gente torpe suelta por el mundo. O peseteros, vete tú a saber, que por no contratar a un profesional como cualquiera de mis compañeros (insisto en que lo mío son los suicidios consentidos), para eliminar a un rival montan unos chochos de mil pares de narices.
Me refiero, por ejemplo, a Ed Crane, ese mediocre peluquero de un pueblecito perdido en la California profunda que, un buen día, descubre que su mujercita Doris le pone unos cuernos como los de Rodolfo el Reno con uno de sus amigos, propietario de unos grandes almacenes (grandes para la escala en la que nos estamos moviendo, no olvidemos lo del pueblecito perdido en la California profunda).
Pues bien, al torpe de Ed no se le ocurre otra que chantajear al tipo que se revuelca con su parienta. Diez mil dólares serán suficientes, es lo que necesita para incorporarse como socio capitalista de un embaucador que acaba de visitar la localidad. El negocio, emergente entonces y bien implantado en la actualidad: la limpieza en seco de prendas de vestir.
Y cuando las cosas se tuercen, mete el cazo hasta el fondo por lo que te decía antes, por no recurrir a profesionales. La cadena de desgracias provocadas por el peluquero llegaría de aquí a la China Popular, que diría aquel. Desgracias tragicómicas, eso sí, que los Coen saben de esto un rato largo.
Bien, espero que al menos la historia sirva de ejemplo y que cada cual entienda que debe centrarse en lo que conoce, los peluqueros en sus pelos, los carpinteros en sus maderas, los fontaneros en sus tuberías… Y cuando haga falta un profesional del ramo, pues ahí están Merche, Remy, Jef…
Que todo el mundo tiene derecho a vivir de su trabajo, coño.
El hombre que nunca estuvo allí (2001)
Director: Joel Coen
Guión: Joel Coen y Ethan Coen
Intérpretes: Billy Bob Thornton (Ed Crane), Frances McDormand (Doris Crane), Michael Badalucco (Frank Raffo), James Gandolfini (Big Dave), Katherine Borowitz (Ann Nirdlinger), Jon Polito (Creighton Tolliver), Scarlett Johansson (Birdy Abundas), Richard Jenkins (Walter Abundas), Tony Shalhoub (Freddy Riedenschneider), Adam Alexi-Malle (Jacques Carcanogues), Peter Schrum (William von Svenson).
sábado, 29 de marzo de 2008
¡Asesinos a sueldo a mí! (5)
La primera impresión que tuve de Oleg fue equivocada. Lo conocí durante un trabajito que hizo en la Bretaña francesa, una faena limpia de ésas que no dejan ni mal olor y que parecen en todo un accidente. Me pareció un sádico, un tipo con sangre de hielo; me dejé llevar por mis abundantes prejuicios racistas y, como era ucraniano, pensé: "Una bestia parda". Pero luego fui sabiendo más de él.
Oleg vivía en Pitria, al ladito de Chernóbil. El accidente del reactor nuclear le pilló mocito: tenía diecisiete años y vio morir, por este orden, a su padre (era bombero y tuvo que ir a apagar las llamas de la central), su madre y sus hermanos pequeños. Luego vio morir a muchos niños más, pues los acompañó, como monitor, a Francia, donde almas médicas caritativas les ofrecieron tratamiento. También se trató el propio
Oleg, pues, al final, el cáncer lo atrapó.
Oleg se convirtió en aliado de la muerte y se dedicó profesionalmente a limpiar forros ajenos a cambio de elevadas sumas, pues (creo que no lo había dicho antes) sacar del mundo a la gente que te estorba no está al alcance de cualquiera. A mi alcance, desde luego, no.
Así, haciéndose pasar por guía turístico, Oleg encadenaba un encarguito tras otro mientras su monstruo interior se hacía cada vez más grande. Hasta que un día recibió una oferta como ninguna otra, vio lo que nunca había visto antes y, paradójicamente, se le abrió una puerta a la esperanza.
NOVELA:
Thierry Jonquet : Ad vitam aeternam
Éditions du Seuil, 2002
jueves, 27 de marzo de 2008
¿Por qué siempre se tienen que ir los mejores?

De acuerdo, tal vez resultase un poco sádico, innecesariamente violento en ocasiones, incapaz de contener esa risa enfermiza que tanto le marcó mientras veía caer a una pobre anciana por las escaleras. Quizás sus métodos y motivaciones pudieran resultar cuestionables. Tal vez se ensañaba en exceso cuando se entregaba a su trabajo, pero hay que reconocer que Tommy Udo fue uno de los mejores en este oficio nuestro.
Descanse en paz un compañero.
martes, 25 de marzo de 2008
MISIÓN EN ÁFRICA
Dos veces lo he tenido en el punto de mira. Dos. Y en ambas ocasiones ha conseguido zafarse, el suertudo bigotudo. ¿Estoy perdiendo facultades? De antes de unirme al Clan de los Sicilianos guardo algunos encargos hechos que, por su larga duración en el tiempo, aún no he terminado. Hace un par de años, por ejemplo, cierta gente se mostró nerviosa cuando un escritor español comenzó a indagar en una de esas historias del África ignota que a nadie interesa que salgan a la luz. No sé si habrán oído hablar de un tal Sankara, uno de esos negros revolucionarios que, surgidos de la estela del guevarismo más utópico, pretendieron cambiar África. Un militar insolente e impertinente que, cuando llegó al poder, llamó la Tierra de los Hombres Íntegros a su país, luchando contra la corrupción, pretendiendo educar al pueblo y, lo que es peor, demarcándose de los dictados de la metrópoli francesa en cuya órbita giraba esa nadería que es Burkina Faso. Lógicamente, cuando el nombre de Sankara empezó a hacerse popular, alguien decidió que había que poner remedio a tal desatino. Y así se hizo, hace veinte años, de forma discreta. Un negro más, caído en la barbarie que es el indomesticable continente africano, en otro de esos típicos golpes de estado cainitas que tan habituales son en ese continente. Pero hete aquí que va un profesor del pueblo canario de Agüimes y se pone a husmear en la historia de Sankara, preguntando por aquí y allá, entrevistándose con quiénes le conocieron, rastreando archivos... hasta que escribe un libro, lo presenta a un concurso, y lo gana.
- Era algo así como un águila – le decía al camarero con el que charlaba, para ahogar mis penas.
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lunes, 24 de marzo de 2008
Juicios a la europea
De mi paso por la Facultad de Derecho guardo, al menos, dos buenos recuerdos. El primero, que fue allí donde conocí a quien luego se convirtió en mi marido. El segundo, a un profesor al que sus veinte años como estudiante y tuno simultáneamente le habían marcado tanto que siempre comenzaba la primera clase del año disfrazado de senador y cantando a los alumnos una canción de sus años mozos. El estribillo decía así (música: Tengo una vaca lechera):
Viva el Derecho Romano, que al esclavo manumite y a la esclava metemanu, tolón-tolón, tolón-tolón.
De la misma época es mi afición por las películas de juicios y las novelas en las que los abogados juegan un papel importante. ¿Quién no recuerda a esos doce hombres sin piedad encabezados por Henry Fonda, sin ir más lejos? ¿O la versión española para Estudio 1, con Bódalo, Alexandre, Osinaga, Puente y compañía? ¿Y qué decir, en otro registro muy diferente, de La costilla de Adán, con Spencer Tracy y Katharine Hepburn tirándose los trastos a la cabeza?
La lástima es que casi todo suele llegar de los USA, y allí los juicios siempre son la leche, quedan preciosos en pantalla, con esos abogados altos y guapísimos de la muerte que seducen con su verborrea imparable a los miembros del jurado, con fiscales empeñados en defender al estado de (póngase aquí el nombre del que se prefiera, hay unos cincuenta para elegir) de la conducta punible del presunto delincuente de turno, con su juez negro por aquello de lo políticamente correcto (hispanos, de momento, no se ven muchos), con las cadenas de televisión a las puertas de la sala esperando las declaraciones del primero que sale…
En Europa esto es muy diferente. Aquí las cosas son menos vistosas, los abogados no son tan superstars como los americanos y tal vez por ello los juicios no resultan demasiado literarios o televisivos. Así que da gusto encontrarse de vez en cuando con tipos como Guido Guerrieri, abogado como mi Luigi y protagonista de casos como Testigo involuntario o Con los ojos cerrados.
Guerrieri, en tiempos, defendía sólo las causas nobles. Nobles para su bolsillo, claro. Sin embargo, de un tiempo a esta parte y no sé si por limpiar su conciencia, se dedica a aceptar otros asuntos que nadie quiere. Por ejemplo, el juicio de una mujer maltratada por un marido poderoso, hijo de un hombre todavía más poderoso al que ningún picapleitos de Bari se quiere enfrentar. En esta complicada tarea no está solo, pues cuenta con la inestimable ayuda de una monja ciertamente peculiar que dirige la casa de acogida en la que se refugia la víctima de los malos tratos, formando una pareja verdaderamente explosiva.
Claro, en las pelis americanas siempre suelen ganar los buenos, me imagino que por tranquilizar a la clase media americana que paga sus impuestos y todas esas cosas. Esto, lo sabemos, no deja de estar bastante alejado de la realidad, en la que tristemente tener la razón no significa necesariamente salirte con la tuya. Pero no quiero adelantarme a los hechos. Es preferible, si te apetece, que le eches un ojo al libro y luego hablamos.
Con los ojos cerrados
Gianrico Carofiglio
Plata Negra
viernes, 21 de marzo de 2008
¡Asesinos a sueldo a mí! (4)

Ya veis que en mi corta vida he conocido a unos cuantos sicarios, pero A punto C punto, no hay más que verlo, es especial.
Desconozco su pasado. No sé qué le hizo convertirse en lo que es. Quizás una infancia horrorosa. Quizás un simple trastorno mental. Quizás nada. Nos empeñamos en buscar las raíces del mal y a veces no existen: la gente es mala porque sí. Punto.
A mis compis de clan no les gusta: da mala fama al noble oficio de asesino a sueldo. Porque no es un profesional, sino un obseso de la muerte. Muerde la mano que le da de comer y eso no es bueno para el negocio.
Y todo lo hace como si se viera abocado irremediablemente a ello, como si él no decidiera: el azar, el honor, la palabra dada lo obligan. Típico de psicópatas.
Que esté chalao no quiere decir que no sea jodidamente eficaz en su faena. Se propone un objetivo y allá va, de cabeza, como los burros, sin mirar para los lados, no vaya a ser que se distraiga. Le da lo mismo un balazo en la pierna que un hueso a la vista. Él tira palante. ¿Qué le mueve? ¿El dinero? ¿El gusto por matar? ¡Quién sabe! Casi prefiero no meterme en su cabeza. Puede que encuentre algo demasiado familiar.
PELÍCULA:
No es país para viejos (No country for old men), 2007
Dirección: Joel y Ethan Coen
Intérprete: Javier Bardem
martes, 18 de marzo de 2008
Días de pasión (criminal)
Bien, pues llega la Semana Santa y ya estamos otro año más preparando la operación salida: hemos empaquetado los cuatro trapos que nos solemos llevar, hemos lavado el coche dejándolo dispuesto para recibir los inevitables chaparrones primaverales y las cagarrutas de todos los pájaros que nos crucemos en el viaje y casi hemos convencido a Giovanni de que se tiene que venir con nosotros, que de quedarse en casa solo como pretende ni hablar, que luego llegamos el domingo y nos encontramos los restos del botellón casero que se ha organizado el chaval.
Como son fechas en las que ya se conmemora una ejecución (que, por cierto, ahora hay dudas sobre cómo fue crucificado en realidad) a mí me gusta guardar fiesta y no aceptar clientes durante unos días. Así que solemos irnos al Pirineo y aprovechar que casi siempre hace mal tiempo para encerrarnos en casa y ponernos al día en cuanto a lecturas y, de paso, ver alguna peliculilla que otra.
En esta ocasión me llevo a una buena cuadrilla de amigos. Algunos ya lo son de hace años, como es el caso de Kostas Jaritos, ese comisario ateniense que tanto placer siente leyendo un diccionario. Me dicen que su hija, Katerina, ha caído en medio de un secuestro organizado por un comando terrorista y yo esto no me lo pierdo.
También son viejos conocidos Lars Martin Johansson y todos sus colegas de la policía sueca, siempre dispuestos a remover el pasado de ese país que nos han puesto como ejemplo de desarrollo y bienestar pero que tantas cosas tiene por resolver, como el asesinato de Palme o el coqueteo sueco con el nazismo alemán. Conocí a esta peña en Entre la promesa del verano y el frío del invierno y me cayeron bien; con Otro tiempo, otra vida estoy confirmando que, aunque de la pasma, son buena gente (algunos de ellos unos auténticos hijos de puta, todo hay que decirlo).
Otros son nuevos en casa, como por ejemplo Ismael Ochoa, un legionario de Bilbao (no está mal, ¿eh?) que demuestra unos sentimientos hacia su padre que me resultan familiares. O Guido Guerrieri, un abogado de Bari (como mi marido, que también es abogado aunque no de Bari) que se ha cansado de resolver casos que sólo le den dinero y ahora se dedica, por ejemplo, a defender a una pobre mujer víctima de la violencia doméstica y de cuyo asunto nadie quiere ocuparse por miedo al presunto agresor.
Y hablando de mi marido, algo tendré que regalarle por el Día del Padre. Si, ya sé que eso debería ser cosa de Giovanni, pero con lo despistado que es... Se me ocurre que, para tenerle entretenido mientras yo me dedico a mis crímenes de ficción, le puedo comprar algo que vi anunciado hace unos días: las Joyas Literarias con las que tanto disfrutó de crío y con las que se inició en la lectura, esas historias de Verne o Salgari que, casualmente, Ediciones B reedita y saca a la calle mañana mismo. Creo que con dos volúmenes estará bien de momento, que tampoco es cuestión de acostumbrarlo mal.
Bien, pues a la vuelta hablamos de todo esto y algunas cosas más, ya te contaré cómo me ha ido entre procesión y procesión. ¿Te parece? Nos vemos la semana que viene. No faltes.
El accionista mayoritario. Petros Markaris. Tusquets.
Entre la promesa del verano y el frío del invierno / Otro tiempo, otra vida. Leif GW Persson. Paidós.
Sé que mi padre decía. Willy Uribe. El Andén.
Con los ojos cerrados. Gianrico Carofiglio. Plata Negra.
Joyas Literarias. Varios autores. Ediciones B.
sábado, 15 de marzo de 2008
¡Asesinos a sueldo a mí! (3)

Puede que la historia de todo asesino a sueldo incluya un episodio de vulnerabilidad en el que la opción sea convertirse en sicario o ... no hay opción. En la historia de Nikita lo hubo, es innegable.
Nikita podría haber sido toda su vida una vulgar delincuentucha, pero, ya se sabe, te vas metiendo en líos, una cosa te lleva a la otra y un buen día te encuentras con una pistola humeante en las manos y un poli muerto a tus pies.
A Nikita la trincaron, le dieron una opción que no era una opción, y eligió convertirse en una máquina de matar. ¿Qué habría sido de ella si se hubiera negado? Como esta pregunta es más propia del "Pronto" que de este clan serio al que pertenezco, la voy a obviar. [La respuesta es: la habrían ejecutado.]
A Nikita, que hasta entonces era un poco greñas, le dieron una nueva identidad, mucha habilidad y una nueva vida bajo la vigilancia de su mentor Bob. Y se convirtió en una asesina eficaz envuelta en la apariencia de una atractiva y refinadísima mujer, impecable siempre, en todo momento bien arreglada, a pesar de ocuparse del trabajo sucio.
Por fuera, en apariencia física, mejoró un montón. Por dentro, sin embargo, algo falló en los entrenamientos: no acabaron de enfriarle el corazón y fue la tonta de ella y se enamoriscó de Bob. Y el-bobo-de-Bob-de ella también, claro.
Hay otras Nikitas en el mundo; al menos yo he conocido a unas cuantas, pero el encanto de las francesitas no lo supera ninguna yanqui operada.
PELÍCULA:
Nikita (La femme Nikita), 1990
Director: Luc Besson
Intérprete: Anne Parillaud



